Vuelta a San Juan: de una idea entre amigos a la carrera que conquistó al mundo

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Nació a partir de una propuesta de dirigentes del Pedal Club Olimpia y dos periodistas deportivos. Con el paso de las décadas se transformó en el gran acontecimiento del ciclismo sanjuanino, una competencia soñada por los corredores latinoamericanos y reconocida internacionalmente.

La Vuelta a San Juan nació de una conversación entre dirigentes y periodistas, de esas ideas que parecen pequeñas en el momento pero que, con el paso de los años, terminan transformando la historia de un deporte.

La iniciativa tomó forma entre Vicente Tapia y Rodolfo Becerra, dirigentes del Pedal Club Olimpia, y dos reconocidos periodistas deportivos sanjuaninos, Hugo Rodríguez y Néstor Andrés Páez, quienes por entonces compartían la jefatura de la sección Deportes de LV1 Radio Colón.

Fueron ellos quienes les hicieron una propuesta a sus amigos del club: en lugar de concentrar esfuerzos y recursos en organizar varias carreras, ¿por qué no intentar armar una vuelta?

Aquella sugerencia se convirtió en la génesis de una competencia que, con el tiempo, se metería profundamente en el corazón de San Juan.

Una vuelta que nació grande

La Vuelta a San Juan llegó a disputar 36 ediciones y fue modificando su formato a lo largo de los años. En sus comienzos llegó a tener diez etapas, aunque posteriormente el recorrido se redujo a siete jornadas, condicionado por las dificultades económicas que atravesó el país en distintos períodos.

Pero hubo algo que nunca cambió: el vínculo entre la carrera y el pueblo sanjuanino.

Podría decirse que la Vuelta nació grande. Salvando las enormes distancias con las principales carreras del mundo, su origen guarda una particular similitud con el Tour de Francia y el Giro de Italia, competencias que también tuvieron un fuerte respaldo desde el ámbito periodístico. El Tour contó desde sus primeros tiempos con el impulso del diario L’Auto, antecesor de L’Équipe, mientras que el Giro estuvo estrechamente ligado a La Gazzetta dello Sport, cuyo tradicional papel de color rosado terminó dando origen al color de la camiseta del líder.

Comparar a la Vuelta a San Juan con esas dos gigantescas pruebas de tres semanas sería, por supuesto, una irreverencia. Pero la similitud permite comprender una característica fundamental de la carrera sanjuanina: desde su nacimiento contó con un fuerte respaldo popular.

La carrera que todos quieren correr

Con el paso de las décadas, la Vuelta dejó de ser solamente una competencia local para convertirse en la carrera que los ciclistas latinoamericanos sueñan con disputar y ganar.

Su crecimiento trascendió las fronteras del continente. La llegada de la categoría internacional 2.1 de la Unión Ciclista Internacional (UCI) significó un salto enorme en su jerarquía y permitió que los grandes equipos del ciclismo mundial pusieran sus ojos en San Juan.

En la edición de 2018 participaron siete equipos World Tour, una cifra histórica para una competencia de América, mientras que varios de esos conjuntos también serían protagonistas del Giro de Italia de aquella temporada.

La Vuelta había dejado de ser únicamente la carrera más importante de San Juan. Comenzaba a convertirse en una referencia del calendario internacional.

Una carrera que forma parte de la vida sanjuanina

Durante más de tres décadas, la Vuelta se ganó un lugar privilegiado en la vida cotidiana de los sanjuaninos.

Cada enero, familias enteras organizan sus vacaciones teniendo en cuenta las fechas de la competencia. La carrera se convierte en un ritual que se repite año tras año: niños y adultos buscan refugio del intenso calor bajo la sombra de los árboles, mientras otros aprovechan la frescura de los canales de riego que acompañan las rutas por las que pasa el pelotón.

Y entonces aparece el espectáculo.

Un enjambre multicolor de bicicletas, camisetas y banderas atraviesa las rutas de la provincia ante miles de personas que esperan durante horas para ver pasar a sus ídolos durante apenas unos segundos.

Es una escena que se repite cada verano y que explica mejor que cualquier estadística la dimensión que alcanzó la competencia.

De carrera popular a cuestión de Estado

Lo que comenzó como la iniciativa de un reducido grupo de dirigentes y periodistas terminó convirtiéndose en una verdadera cuestión de Estado para San Juan.

Más allá del gobierno de turno, la Vuelta encontró históricamente respaldo institucional porque representa mucho más que un acontecimiento deportivo: es una fiesta que moviliza a la provincia y que permite mostrar a San Juan ante el país y el mundo.

En 2017, la denominada “carrera del pueblo” alcanzó uno de sus mayores reconocimientos al ingresar al calendario internacional de la UCI con categoría 2.1.

El salto significó la confirmación de un proceso de crecimiento que había comenzado muchas décadas antes y que encontró en el apoyo del Gobierno provincial un impulso decisivo para llevar a la Vuelta a un nuevo escenario.

Los nombres que quedaron en la historia

A lo largo de sus ediciones, apenas 24 ciclistas pueden presumir de haber escrito su nombre en la página más importante de la competencia: la de los campeones de la clasificación general.

El primer vencedor fue el bonaerense Eduardo Trillini, quien se consagró en 1982. Un año después, el chileno Víctor Caro se convirtió en el primer extranjero en ganar la Vuelta y, durante muchos años, fue el único corredor no argentino en alcanzar ese privilegio.

Ese dominio nacional se quebró definitivamente con la llegada del ciclismo internacional. En la primera edición de categoría internacional, el neerlandés Bauke Mollema, integrante del Trek-Segafredo, se quedó con la clasificación general y escribió un nuevo capítulo en la historia de la carrera.

Un año después, el protagonismo volvió a manos argentinas. El jujeño Gonzalo Najar, representante del SEP San Juan, sorprendió a todos y conquistó la general de la edición 2018, devolviendo el título al equipo sanjuanino después de las tres victorias consecutivas de Laureano Rosas.

La Vuelta había cambiado de escala, pero mantenía intacta su esencia.

Porque aquella idea que nació entre cuatro personas terminó convirtiéndose en una de las grandes tradiciones deportivas de San Juan: una carrera que pertenece a sus ciclistas, a sus dirigentes y, sobre todo, a un pueblo que cada enero vuelve a salir a las rutas para verla pasar.

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