Como ciclista profesional cimentó una fantástica carrera, pero su mayor victoria llegó más tarde. Robert Millar (Glasgow, 68 años) consiguió ser uno de los corredores más notables de finales del pasado siglo, ganador de etapa en las tres grandes, dos veces segundo en la general de la Vuelta a España y otra en el Giro de Italia, y su rivalidad con Perico Delgado forma parte de la historia del ciclismo. Sin embargo, Philippa York, Pippa, es quien ha encontrado la felicidad, su hueco en el mundo, desde 2003, cuando la escocesa decidió llevar a cabo una transición de género que cambió por completo su vida. Ella ha sido una de las grandes protagonistas del Congreso AS Deporte en Positivo celebrado este lunes, y su charla, patrocinada por Caixabank, Moeve, Fundación LaLiga y HP, resultó ser uno de los platos fuertes del día por todas las lecciones vitales que dejó. “Ahora no tengo el conflicto de vivir en un mundo del que no quiero ser parte. Parte de mi transición no era sobre felicidad con mi cuerpo, tenía más que ver con la integración social que quería tener en el mundo femenino. Ahora soy parte de ese mundo, siento que he trabajado en mi integración y presentación. Y eso me permite funcionar normalmente en ese mundo. Antes, cuando dejé el mundo masculino, entendía cómo funcionaba, pero no me gustaba cómo era”, resume York cuando David Nelson, director de AS USA, y Juan Gutiérrez, subdirector de AS, le preguntan durante su mesa redonda por la felicidad que le aporta en su día a día verse y sentirse mujer. “Definitivamente, ahora soy mejor persona. No vivo en ese mundo de competiciones y me puedo relajar, ser quien soy, supongo”, dice cuando se compara con Robert Millar, el poderoso escalador que llevaba la competición en las venas. Pippa no guarda rencor a Robert y, a pesar de sufrir de disforia de género cuando todavía era ciclista profesional, uno de sus logros fue poder comprender el panorama en el que andaba. “Veía a mi cuerpo como la herramienta con la que trabajaba. Como ciclista profesional necesitaba un cuerpo sano, y así lo manejaba. Las cosas de género son una historia mucho más complicada, más larga, pero no puedo separarlo. Con lo que trabajaba era mi cuerpo, y tenía que cuidar de ello lo mejor posible. Incluso aunque estuviese incómoda con ello, tenía que funcionar lo mejor posible”, cuenta la escocesa. “Generalmente tenía que compartimentalizar la disforia con lo que estaba haciendo. Intentaba taparlo, pero al final salía. Pero generalmente lo enterraba y no pensaba en ello cuando estaba en competiciones”, relata con total naturalidad sobre un proceso, precisamente, natural. “No me siento más liberada. Creo que la gente tiene más curiosidad por cómo funciona, física y mentalmente, toda la historia de la transición. Depende de mí el ponerle palabras de la forma más simple posible”. Ahora, su posición le permite alzar la voz, servir de inspiración. “Cuanto más joven puedas transicionar, mejor. Va de darle a la gente la información que necesiten, para que puedan trabajar con ello y saber si tienen problemas de género o no. Y luego, tener a los profesionales apropiados para ayudarte en ese proceso”, manifiesta Pippa, que lleva a cabo un pequeño trabajo en un mundo en el que todavía queda mucho por hacer en esta materia. “En España es notable, comparado con hace 15 años, se ha hecho un gran progreso con el tema de los derechos humanos. Tristemente, en el resto del mundo se han dado pasos hacia atrás en aspectos sociales, con la gente de derechas involucrada. Parece que el deporte no habla de política, pero la política sí que habla de deportes”. Su transición fue silenciosa, y pasaron muchos años en los que Pippa estuvo en la sombra, alejada de la vida pública, hasta que hace una década confirmó que había pasado a ser una mujer, con una nueva identidad totalmente alejada de la de Robert. “Tienes que elegir un nombre que quizás te habrían puesto cuando naciste. Así que no te puedes poner Britney o alguno de estos nombres modernos. Tiene que ser alguno que encaje con tu edad, y no quieres copiar el de nadie, sería extraño. Así que pasas por unas cuantas opciones. Linda lo habló, y mucha gente se llamaba Philippa o Pippa, pero en su círculo no había ninguna. Así que encajar en ese mundo, Pippa me parecía una decente opción. Pero pensamos en varios. No puedes simplemente elegir un nombre loco porque te guste esa persona, porque la gente piensa que eres extraña. Es una de esas preguntas que le haces a la gente, qué nombre se darían a sí mismos, y tienen que pensarlo bastante, así que es algo interesante”, explica sobre esa decisión que culminó una transición costosa, también en lo económico. “La primera operación cuesta como un buen coche. Así que había que elegir entre comprarme un coche deportivo o arreglar las cosas que había que arreglar, y decidí arreglarlas. En cuanto a presentación, cuando la gente te mira por primera vez, hacen un número de suposiciones en los primeros cinco o diez segundos. Así que si puedes cambiar la presentación física rápidamente, eso te permite funcionar socialmente mucho mejor”. Durante todos estos momentos, fue clave la figura de su mujer, Linda, que se mantuvo siempre a su lado. “Cómo ha sido capaz de poder con todo, no sé cómo lo ha hecho. Es una de las preguntas que le hago a la gente, que qué pasaría si llegan a casa y su pareja ha decidido cambiar de género. Te surgen muchas preguntas sobre quién eres, también sobre sexualidad y cómo te ven los otros. Yo no sé cómo lo ha hecho ella. En una transición es muy extraño que las relaciones sobrevivan. Al tomar la decisión, eres muy consciente de que la relación puede acabar con ello. Así que no sé cómo puede con todo, incluso ahora”, relata con una sonrisa que le sale al hablar de su familia. “Mi vida es algo complicada, podría ser un programa de televisión. Tengo un hijo con otra mujer, se llama Edward, y una hija llamada Lydia con Linda. Es complicado, sí. Creo que ha sido más fácil para ella, porque era más joven. Edward estaba empezando su adolescencia cuando empecé la transición así que ha sido más complicado para él. Pero sí, todavía hablo con él, así que debo ser una mejor persona de lo que me pienso. La transición es más fácil que la acepten las mujeres, mientras que los hombres se agarran más a lo que pierdes cuando transicionas”. Su transición, por supuesto, le ha brindado mucha felicidad a la escocesa, que, sin embargo, también ha afrontado momentos desagradables en un mundo con todavía muchas cuentas pendientes en lo que a integración de trans se refiere. Lo vivió en sus carnes cuando un equipo le retiró una oferta de empleo. “No estaba para hacerles trans, estaba para hacerles mejores ciclistas, que se integrasen mejor. Parece que no podían lidiar con tener a una persona trans, cómo se lo iban a explicar a esos ciclistas... Es una cosa de la que te tienes que reír, realmente”, recuerda York, a la que le costó mucho más convertirse en mujer que hacerse ciclista. “Decidí cuando tenía unos 16 años que iba a ser ciclista profesional, y nadie en Glasgow podía convencerme de otra cosa. Me fui a París, a la dirección equivocada, volví al taxi y fui a la adecuada. Eso fue parte del proceso de convertirme en profesional, que ya lo había decidido. La transición me llevó mucho más tiempo el figurarlo. Hay aspectos mentales que necesitas para ser competitivo en el deporte y los puedes aplicar en otros lados de tu mundo. Eso es lo que hice con la mala educación y que las cosas no me afectan. Pero no soy tan fuerte como parezco”. Ahora, Pippa no se muerde la lengua, ni siquiera para criticar la postura del Comité Olímpico Internacional tras limitar la participación de deportistas trans en todo tipo de competiciones. “Es curioso que nos hayan prohibido en cualquier deporte. Uno de los ‘beneficios’ de transicionar es que soy una futbolista de élite, triatleta, que puedo nadar, jugar al tenis, y me han prohibido en todos ellos. Desde el punto de vista de ser trans, tengo algún tipo de ventaja mágica... La asociación de fútbol escocesa ha prohibido a las mujeres trans jugar al fútbol, pero no tiene ninguna futbolista trans. A la gente que me preguntaba esto, empecé a pedirles que me recordasen el récord del mundo trans en 100 metros lisos. O en cualquier deporte. Somos el 0,5% de la población, pero todos somos deportistas de élite en todo lo que puedas imaginar. Cuando la Federación Británica de Ciclismo prohibió competir a las mujeres trans, dijeron que podríamos competir cuando demostremos que no somos competitivas, que se nos da mal competir. Y el COI ha hecho ahora lo mismo. “Creo que ha habido dos atletas trans en los últimos 15 o 20 años, y las dos no eran competitivas”, reflexiona la de Glasgow. Toda su historia anda plasmada en el libro La Escapada, que escribió junto con el periodista David Walsh, con el que emprendió un viaje por el Tour de Francia. “Extrañamente dije que sí”, dice entre risas Pippa, que tira de ironía al hablar sobre quién tomó la decisión de poner ese título. “David, que tenía miedo de mí cuando era ciclista, lo pensó con los editores; me dieron unas pocas ideas, sugerí algunas y David dijo que no. No discutí porque no era el lugar para ello; hay una jerarquía y una mujer necesita a un hombre para arreglarlo...”. Robert Millar todavía sigue en la retina de muchos aficionados al ciclismo, también en España, donde mantuvo una intensa rivalidad con Perico Delgado, quien le arrebató La Vuelta de 1985. “Él y Recio me pillaron con una maniobra, una escapada, y eso está bien. No me lo tomé como algo personal; entendí que habían perdido los españoles la Vuelta el año pasado y no querían que la ganara otro extranjero. Fue una combinación de políticas deportivas, nada personal. Mi relación con Perico estaba bien; es una gran persona. Y no fue una de mis peores derrotas; mucho peor es caerse”, argumenta sobre una bonita época en la que compitió mano a mano con el segoviano. “A veces él era mejor que yo, y en otras ocasiones yo era mejor. En cuanto a escalar montañas, éramos iguales; en carreras de tres semanas él era más fuerte”. Además de ese duelo, también le granjeó en España una gran fama su llamativo pendiente en la oreja, algo inusual en aquel momento. Pippa explica, con naturalidad, que solo podía evitar reírse ante los ataques que recibía por ello. “Había algo de asco e insultos dirigidos a mí por eso, y yo lo encontraba divertido”, cuenta la de Glasgow, que nunca tuvo un problema con el país. “Por qué no iba a querer volver a una carrera que podía ganar. Miré el calendario y pensé en la próxima gran carrera que había en España, era la Volta a Catalunya, volví y ganar al final de año. No estaba intimidada por regresar a España”, dijo para cerrar Pippa, antes Robert, cuya victoria más importante de su vida no llegó en una carretera. As Deporte en Positivo es un proyecto de compromiso social que fomenta los valores asociados intrínsecamente al deporte, tales como el respeto, la equidad, la inclusión, la humildad, la disciplina o la diversidad. Frente a la crispación y al ruido que tan presentes están en la actualidad deportiva en los últimos tiempos, esta iniciativa recuerda que, más allá de los goles, las canastas y los récords, el deporte tiene un gran potencial como elemento transformador de la sociedad.
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De Robert Millar a Pippa York: “Ahora me siento parte del mundo en el que quiero vivir”
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Fuente: AsCiclismo